!  VENÍ VENÍ…TÚ PUEDES !

!Tú  puedes, no te pocupes, es divetido! decía Angielisa,  mientras extendía sus manitas  indicándome el  camino a seguir. Ella subía y  bajaba las resbaladeras como una gacela: de manos, de cabeza, de cadera,  con una risa  que iluminaba el mundo en aquel parque infantil.

!Vení vení, por las gadas!  Cómo negarme a tan tierna invitación.  Subí presurosa hasta un puente flotante, en donde casi doy al traste con mi frágil humanidad. !Auela no te pocupes,  Aquí estoy yo!

Me sostuve fuerte en los barandales y avancé hasta la primera resbaladera. 

!Vení veni.  Tú puedes ! Quiso sentarme en sus faldas, pero como no cabía, se sentó en las mías. Ella reía.  yo rezaba en silencio para no caer al vacío.  De pronto resbalé, ella saltó entre risas. Yo aterricé como tocte.

!Vite vite. Facilito.  Vení a esta.  Es divetida! insistió con esa ternura infinita que hace flaquear mi NO.  Así, me  lancé a  mi segunda aventura.  Trepé como pude hacia una  resbaladera de churo.  Ella se aventó  primera.  !Veni venì gritaba desde abajo!

Me lancé al vacío y fui dando divertidos círculos hasta pisar tierra, quién sabe cómo.  

Bueno.  Esa es la magia de Angielisita, un angelito de 2 años y medio, y la mía, una  abuela…con tantas ´décadas encima´ – para que contarlas- que todavía sobrevive a esta aventura infantil.

Como estas, habrá millones de historias, de abuelas y niñas, que mueven el mundo

Deja un comentario