
Un sonido intenso en un árbol de la casa nos sorprendió en la mañana. Buscamos y buscamos hasta descubrir su origen. Era el picoteo de una hermosa ave, de cresta roja y plumaje azulado, al que mi madre, con razón, llamaba Cardenal.
Angielisita y Kamila fueron quienes descubrieron al carpintero, acompañando con sus gritos de algarabía la presencia del cantor que visita esporádicamente los árboles de la casa.
El animalito vuela de rama en rama y su canto, como todas las mañanas, se acopla con el trinar de miles de avecitas, en bella sinfonía de infinidad de tonos y sonidos.
Su búsqueda se ha vuelto ya una rutina del día a día. Kamilita no ha olvidado su picoteo y con su mano trata de imitar el sonido del pequeño constructor.
Intentamos seguir la ruta del carpintero para descubrir su hogar. No lo hemos logrado aún, pero sí hemos descubierto la vivienda de las ardillitas que saltan por los árboles, de las escurridizas lagartijas y hasta de los grillos que trepan por la ventana.
Asi, cada mañana es un despertar a la vida para descubrir la belleza de la creación de Dios.
Estas pequeñas y grandes maravillas son las que mueven el Mundo.
