
Hoy fue día de pediatra. Eran las 2 de la tarde y estábamos listos para la cita con la doctora.
No fue problema vestir a Angielisa y Kamila, pues estaban ilusionadas en ir al médico. Cosa rara, porque generalmente dan guerra.
Ya listas para salir, Angielisita pegó el grito. Auela auela, mi pollito está enfermo. Tengo que llevarle al doctor, dijo.
Tomó su cuna, acostó a su pollito y buscó su cobija. No auela, esta no. Esta es de coronas. Quiero la de flores, dijo.
Listo el equipaje, lo puso en el brazo como cartera y subió al carro.
Kamilita no se quedó atrás en sus obligaciones maternales. Bebé, bebé, dijo y salió en precipitada carrera a traerlo. Con cuna y cobija lo colocó en su carriola del auto
No, le dije. Este es tu asiento. Tienes que llevarlo en la falda.
No no. Quí, dijo y le puso el cinturón de seguridad.
Me costó convencerla para que lo pusiera en el asiento de la mitad. Accedió, pero eso sí, ella misma se encargó de abrocharle el cinturón en ese lugar.
Personal y equipo completos, ingresamos a la clínica. Fuimos el deleite de enfermeras y pacientes. No los viejos, por supuesto, sino las bebes con sus respectivos bebes.
Llegó la enfermera. Pesó, midió la talla y tomó los signos vitales de Kamilita. No te pocupes. Estate tranquilita. No pasa nada. Mira, como me pongo yo esta cosa en el dedo, le dijo Angie.
Ahora me toca a mí, dijo Angielisita.
Ufff. Se me pasó por alto decirle que su chequeo médico era la próxima semana. Para superar el impase, con la enfermera la pesamos y medimos.
¡Y a mi por que no me inflan el brazo! dijo indignada.
Porque la vez anterior que venimos al médico, no te gustó que te inflaran el brazo (tomaran la presión), le dije. Pero la doctora lo hará.
Como siempre, los encuentros con la doctora son placenteros, a excepción de los días en que hay pinchazo (vacuna) en los que hay tremendo llanto.
Que lindas están, les dijo la doctora, con abrazo incluido.
Inmediatamente Angielisita mostró a su pollito y Kamilita a su bebe.
Oh. Se les ve muy saludables a sus bebés, comentó la doctora
Ya más tranquilas, el resto fue de rutina
Mis niñas. Que bendita es su inocencia
