
Auela auela, no te pocupes por mi. Yo estoy tranquilita. No me pasa nada.Tú vete a seguir arreglando, me dijo Angielisita en la mañana de este miércoles.
La afirmación ya encendió las alertas y mucho más cuando cerró la puerta de su cuarto con la complicidad de Kamila.
Abrí cautelosamente el cerrojo. No auela. Tu vete tranquilita a seguir arreglando, me dijo.
Esperé unos instantes y volví a abrir la puerta. Y horror. Tres mechones negros y uno rubio en el suelo aparecieron ante mis ojos.
Las niñas no deben usar tijeras. Es peligroso porque pueden cortarse las manitos o lastimarse. Tampoco cortar el pelo, porque eso hacen las peluqueras, le dije para reforzar las enseñanzas de su madre.
No te pocupes auela. Estamos bien. Mira. Kamilita está linda. Es que le creció el pelito y a mi también, me dijo Angielisita, mientras la pequeña entornaba sus ojos pícaros.
Kamilita tenía el pelo un lado más largo que el otro y un hueco atrás. Angielisita lucía un cerquillo muy desmechado.
Un buen cepillado permitió disimular la travesura, antes de que su mamá lo viera. La versión de Angie le puso al tanto de la novedad. Esa es la norma. Decir siempre la verdad.
Volvimos a esconder todas las tijeras en un lugar seguro, incluyendo la de la travesura.
Si bien, ahora ya no usan tijeras ni cortan el pelo, Angie y Kamila son expertas peinadoras.
Titi fue una de sus primeras modelos. Un golpe de cepillo, alada de pelos y alisamiento. Todo listo.
Esta mañana tocó el turno de los abuelos. Un golpe de cepillo en la corona le sacó al abuelo de su minuto de sueño matutino. Pasado el susto, le peinan a dos manos.
Luego fue mi turno. Me hacen los churos uno tras otro. La tarea termina con espejo en mano. Al fin, Dios mío.
Estas preciosísima. Si iosa, me dijeron a dos voces. Cómo no creerles.
Elisita, su madre es la modelo matutina. Entre risas, consejos y quejas aguanta la peluqueada. Nada como el amor de madre.
En fin, otra aventura superada por la abuela.
