
Mil millones de personas sufren de hambre en el mundo y 3 100 millones no tienen acceso a una dieta saludable, pero paradójicamente, un tercio de la producción mundial de alimentos se pierde, se bota o incinera en vez de llegar a la mesa de los pobres.
Las políticas aplicadas por los paises desarrollados u organismos internacionales para reducir el hambre, no han dado los resultados esperados, pero mantienen el optimismo de poder hacerlo.
La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible pide reducir a la mitad el desperdicio y pérdida de alimentos en las cadenas de producción y suministro.
En Europa, varios países como Italia, Francia, España y otros, han iniciado programas para evitar el desperdicio en tiendas, bares, restaurantes y centros de distribución y entregarlos a bancos de alimentos que suministren a los pobres.
En Estados Unidos, la Iglesia y otras organizaciones benéficas han asumido esta responsabilidad. Pero estos esfuerzos no son suficientes por la falta de una infraestructura de distribución, cadenas de frío, medios de transporte hacia sectores y países en donde el hambre mata a miles y millones de niños y adultos pobres.
Según el último informe de la FAO alrededor del 14 % de la producción alimentaria mundial (valorada en 750 000 millones de USD anuales) sigue perdiéndose después de recolectarse y antes de llegar a los sitios de distribución, mientras que el informe sobre el Índice de desperdicio de alimentos del PNUMA muestra que el 17 % se pierde en la venta al por menor y por los consumidores.
En los Estados Unidos, alrededor del 30 por ciento de los alimentos en las tiendas de comestibles se tiran. Estas generan alrededor de 16 mil millones de libras de desperdicio de alimentos cada año.
Según la asociación americana FWRA, el 65% de estos desechos acaban en vertederos (o incineradoras), lo que implica un elevado coste también para el medio ambiente.
Se estima que en Europa se despilfarran 126 millones de toneladas de alimentos cada año con lo que se podría dar de comer a 200 millones de personas.
Parece de Ripley, pero es cierto. Estos datos muestran que miles de personas mueren de hambre, millones no tienen suficiente comida en su mesa y millones de niños sufren de desnutrición, mientras que la tercera parte de la producción mundial de alimentos se pierde o se bota.
Esta realidad es un fuerte llamado a la conciencia internacional para aplicar verdaderas políticas de desarrollo que permitan terminar con esta inequidad.
