AUEYA AUEYA…MI BEBÉ

Estábamos listos para salir al viernes de helados.  Ya en el auto, Kamilita, con sus ojazos negros llenos de lágrimas y su angustia me dice:

¡Aueya aueya.  Mi bebe!

Quieres llevarlo?  Te lo traigo? 

Uhum,  responde,  mientras asiente con su cabecita. 

Había olvidado a su muñequito.  Tuve que bajar del auto para traer a su bebe.  

Lo abraza con ternura infinita.  Le coloca en su falda.  Le acaricia y envuelve con su cobija.

Ya tranquila, salimos rumbo al parquecito del centro comercial. 

Con Angielisita hacen de las suyas.  Bajan la resbaladera.  Suben al cochecito.  Saltan sobre la tortuguita.  Suben al avión y bajan de él dando brincos.  Corren de un lado a otro.  Juegan a las escondidas, al pilla pilla…

De pronto Kamilita suspende su juego, se dirige a la puerta y sale con determinación.

Espera un ratito.  Mira Angie todavía quiere jugar.  Tu mamita llegará pronto, le informo.  

No hubo manera de convencerla.  Tiene una memoria elefante y un gran don de ubicación.  

Corre y corre, solo asegurándose de reojo que alguien la siga.  

Llega al lugar  en donde hay un carrusel.  Se sube de un brinco y espera el arranque.  

No queda más que colocar las monedas para poner a andar el aparato.

Angielistia llega atrás, corriendo con abuelo.  A ella le gusta subirse al vuelo al caballito blanco.  

Pero como no podía faltar, viene la invitación.

Aueya Aueya.  Sube.  Qui qui.  dice Kamilita, mostrándome el tercer caballito.

Si auela.  Sube sube! insiste Angie

Dios mio.  Cómo se les ocurre.

Por suerte el minicarrusel empieza a girar y ellas a disfrutar.

Ah.  La belleza de ser niñas.

Solo el recordatorio de que un helado las espera, les convence para salir del salón de juegos.

Salen en precipitada carrera, cogidas de las manitos.

Por suerte,  Elisita, su madre y Titi llegan a la cita de los viernes de helado y toman el control.

Ah.  El deleite de ser abuela.

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