
La mañana estaba fria y un tanto lluviosa. Las niñas miraban desde su ventanal.
Auela. Ha venido la hijita. Milala. Es chimilinguita. La mamá debe estar buscándola, dice Angie con su emoción de siempre. Tija…tija… añade Kamila, señalando con su manito al intruso. En realidad, era una pequeña lagartija subiendo por la parte exterior de la ventana.
Debe estar iendo a la escuela. Parece que ha tenido un hermano. Milale, es más grandecito, dice Angie.
Si. Cuando salga el sol, vamos a buscar a la madre. Debe estar en el patio, les menciono. Y en verdad, encontramos varias.
Mira mira. Esa cola tan gande y es velde. Mira como infla la garganta. Esa es la madre, mencionó Angielisita.
Dios mío. Yo que siempre tuve tanto recelo y hasta miedo de estos animalitos, estaba aquí mirándo frente a frente y hasta fotografiando a una señorita lagartija.
Por suerte son escurridizas y se esconden muy rápido.
Para diferentes culturas, estos pequeños lagartos son símbolo de abundancia, tranquilidad y buena suerte. Representan la fertilidad y están dotados de cualidades espirituales como la sabiduría, la curiosidad, la regeneración.
