EL ESCAPE DE LA ABUELA

Confiando en la sabiduría de la madre, la protección del padre y la habilidad del abuelo para manejar con ternura a mis pequeños angelitos, me tomé unos días de vacaciones para emprender una extraordinaria aventura con Sofía, la Titi, al término de una convención en Los Ángeles.

Todo empezó en ese aeropuerto, en el que fui recibida por Sofía para iniciar un recorrido por la Costa del Pacífico, desde los Ángeles hasta San Francisco.

El dominio de  la tecnología de Sofía, como una joven Milenia, unida a su pasión por la naturaleza y su lenguaje de libertad y de amor, con mis similares atracciones y pasión por las nuevas tecnologías de la comunicación, nos llevó a una aventura increíble.

La belleza de la ruta del Pacífico, con impresionantes paisajes, quedan grabadas en la retina, desde Santa Mónica hasta San Francisco.  El agua y cielo profundamente azul aparece, de tramo en tramo, para mostrar la magnitud del mar y el contraste con la montaña.

Esta impresión unida a las añoranzas de la tierra, Ecuador, rodeada de montañas, nos trasladan a un mundo mágico.

El recorrido esta llena de ciudades con nombres de Santos y Misiones que guardan la obra de los Franciscanos que llegaron a esta zona para catequizar a los nativos.  

Dios y la naturaleza han sido muy generosos en esta zona, con su fertilidad, su aire natural, sus parques muy bien mantenidos y ciudades pintorescas.

A esto se une la nueva magia de las tecnologías de la comunicación que mueven el mundo con su vertiginoso desarrollo en todo el área de Sillicon Valley, que sigue extendiéndose hacia el norte y sur, con el aparecimiento de nuevas compañías y emprendimientos científicos y tecnológicos.  

Allí están Meta – Facebook – Google, Apple, Microsof, Uber, Universidad de Stanford y otras tantas que están marcando la ruta de la comunicación mundial y de la inteligencia artificial.

Y para completar este recorrido, no faltó una breve estadía en el Hospital Mark Zuckerberg, en San Francisco, gigante, especializado en la atención inmediata de traumas.  

Lo mío, gracias a Dios no pasó de un susto y un dolor intenso, sin fracturas que hubieran llevado a una cirugía.  Sofía soportó con amor y estoicismo las largas horas de ese hospital.

El cierre de operaciones en el aeropuerto de Tampa por el huracán que azotó esta zona, alargó nuestra estancia en San Francisco y la oportunidad de conocer más a fondo la belleza y atractivos de esa ciudad.

Gracias Dios por todo lo vivido y por mantener a mi familia unida con el mismo amor y solidaridad y,  a la abuela, lista para iniciar una nueva jornada.

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