SI,,, ¡TE EXTRAÑÉ!

Entré  de pronto a la habitación en la que mi Angielisita estaba entretenida con sus muñequitos.  Alzó su cabecita y me vió  con sorpresa.  Empezó a reir y reir como quien no creía lo que estaba mirando.  

¡Auelita…Auelita. Eres tú. Volviste!, me dijo mientras yo acariciaba su carita risueña.

Me extrañaste? le pregunté.  

Si auelita.  Si te extrañé mucho, dijo, al extender sus bracitos para abrazarme una y otra vez.

Apaga,  apaga esto, vamos a escribir contigo en nuestro libro, me dijo.

Mi madre ya se va a trabajar.  Mi padre se fue de viaje manejando un carro grandote.  Mira mira, mi madre nos compró estas carpas para hacer la siesta, me dijo, entre otras tantas novedades, mientras me arrastraba de la mano para contarme más noticias.

Ingresé luego al cuarto en donde todavía dormía Kamilita.  Abrió sus ojitos y con su risa pícara empezó a hacer piruetas.  Se levantaba y tiraba de cabecita sobre la almohada hasta que salió de su asombro.

Aueyita  Aueyita, dijo y abrio sus bracitos.  Me acarició la cara, me abrazó intensamente y  me pidió que la bajara de la cuna, lo que hice con la ayuda del abuelo.

Angelisita y Kamilita no me soltaron de la mano, llevándome de un lugar a otro para mostrarme sus últimos adelantos

Uno de ellos fue sus piruetas en el gimnasio.  

Mila mila auelita.  Mila esto que hago, decía Angie mientras Inventaba nuevos giros, de brazos y piernas, a su modo,  como una gimnasta.  

kamilita hizo lo suyo.  Subió a la barra lateral mientras alzaba una y otra vez su piernita y saltaba luego en la colchoneta, contando hasta el diez.

Como olvidar las manitos  suaves de mis dos angelitos  acaricando mi rostro, sus bracitos rodeando mi cuello, sus ojitos brillantes, vívidos, inocentes.  Son la  expresión más tierna del amor.   

Gracias Dios por todo lo vivido.

Deja un comentario