
Cómo estás auelita. En donde te duele. No te pocupes. Yo te curaré. Esa fue la afirmación de Angielisita al regresar de su clase de danza.
inmediatamente puso su manito en mi espalda y dijo “Sana sana ulito de rana, si no sana hoy sanará mañana” Te pasó auelita?
Si hijita. Ya no me duele, dije.
Espera espera, falta algo. Salió corriendo y regresó con una toalla empapada en agua. Me la puso en la frente. Claro que casi me baña, porque se olvidó escurrirla.
Tranquilita. Yo estoy aquí, dijo. Me avisas si te duele.
Inmediatamente entró en escena Kamilita, cargada un conejo grande de peluche que tiene en mi dormitorio y lo puso en mis brazos. Trajo también su perrito y gatito. Me abrazó con ternura y se sentó en mi falda.
Luego mis enfermeras instalaron su sala de juego a mi alrededor.
Todo sucedió el sábado en la mañana. La abuela sucumbió con su dolor de ciática y quedó fuera de combate para sus labores cotidianas. Pero gracias a Dios el equipo familiar funcionó de maravilla.
Su madre, María Elisita, tenía turno en el banco. Su padre, José, estuvo trabajando fuera de la ciudad. El abuelo, Javier, llevó a Angielisita a su clase de danza. Tití, la tía Sofi, se encargó de Kamilita y su clase de natación. Las chiquillas colaboraron de maravilla.
Luego, el reencuentro en la casa de la abuela. con almuerzo incluido.
Cómo no sanarme con tantas atenciones de mis enfermeritas y con el calor familiar.
Gracias Dios.
Foto de María Elisa
La abuela, Angielisa y Kamila, en sus buenos momentos de fin de año, en Quito.
