
Vamos a visitar a Lulu. Quiero conocer a mi primita, dijo Angie. Si. Vamo antes de que vuelva a la ¨panza¨, anotó Kamila.
Hoy fue el día.
Puedo jugar con ella? preguntó Angi. No, le dije. Todavía está chiquita y no camina.
No importa. Yo le ayudaré. Yo le soteneré de las manitos para que no se caiga.
Con todas estas expectativas llegamos donde Titi.
Las pequeñas bajaron del carro y emprendieron veloz carrera hacia el cuarto en donde Lulu y su madre les esperaban. Imposible describir su rostro. Todo lo que habían visto crecer en la ¨panza¨ estaba ahora ahí, en vivo y en directo.
Puedo tocarle? Quiero amalcale, dijo Angie.
Tras sentarse lo más seguras que pudieron, recibieron a Lulú en sus brazos. Toda su inquietud y travesura se convirtió en ternura.
Qué suavecita. La Lulú es suavecita y tiene pelos. Hasta se hizo popo exclamó Angie.
Es mi tuno. Quielo a Lulu, exigió Kamila. Y la recibió en sus brazos con delicadeza infinita.
Y allí estaban…tres ángeles bellos…perfecta expresión de Dios y la naturaleza. Son un canto a la vida. Son un canto al amor.
