
Lunita crece como un sol. Llora como todo bebe, pero ante todo sonríe, sonríe y sonríe. Le brillan los ojitos y son tan expresivos como para transmitir su mágico mundo.
Está experta en el Tummy time, los ejercicios matinales y hasta en baby yoga. Su madre extrema sus cuidados como para que no se le escape el más mínimo detalle en la atención a su pequeño tesoro.
Majed su padre, está experto ya en sus responsabilidades diarias y especialmente en sus caminatas vespertinas frente a la playa, en donde hasta baila con su pequeña pulguita.

Hoy, Lunita amaneció más preciosa que nunca, con sus primeros cachitos y lazos blancos, pero ante todo con su enérgica protesta por la peinada, como si dijera dejen mis churos en paz.
Es que debe lucir un nuevo look ante la seriedad que implica tener ya su pasaporte.
Preciosura. Es la nueva aventura de la abuela.
