QUE RUJA EL HURACÁN!!!

La tarde estaba lúgubre.  El rugido del viento era estremecedor.  Los árboles  que puedo divisar desde mi ventana bamboleaban estremecedoramente como si fueran a caer,  mientras  una pertinaz lluvia caía sin parar.

El temor y la razón calaba los sentidos ante la expectativa del huracán Helene que llegaba a la Florida y la necesidad de mantener la seguridad familiar.  

El teléfono fue el arma permanente de comunicación, mientras los canales de televisión reportaban incesantemente la ruta de Helene, aproximándose o alejándose de la Bahía.

Elisita y su familia, cuya residencia está junto a un lago, fueron a refugiarse en su hogar.  Angielisita,  temerosa, decía que no quería morir en el huracán, pero no dudó un segundo en salir a saltar en el agua con Kamilita, hasta cuando las circunstancias permitían permanecer fuera.

Sofita, con su Lunita en brazos, partió también a su hogar,

Ahora sí a esperar.  Helen pasaba de categoría 3 a 4 y  avanzaba por Cuba, que estoicamente aguanta casi todos los huracanes y siempre permanece en pie.

En horas de la tarde y noche,  el ojo de Helene seguía en alta mar, alejándose de la costa, pero sí amenazando con fuertes marejadas de hasta 20 pies de alto en las zonas costeras.  

Llegó las 8 de la noche y con ella, el paso del huracán al frente de nuestras costas. El rugido del viento se volvió fúnebre, intenso, interminable por unas dos horas…el corazón en vilo, el pensamiento en la familia, el temor a flor de piel.

Minuto a minuto, el peligro de una catástrofe mayor parecía alejarse. El ojo del huracán iba rumbo a Tallahassee, sin tocar tierra en San Petersburgo.  

Ahora, una tensa calma.  Solo  tocaba  esperar.  La marejada  se daría entre las 10 de la noche y horas de la madrugada, cuando  suba la marea y las aguas  ingresen a tierra. 

Elisita y José dormían a sus niñas. 

Sofita  bañaba a su pequeña cuando Majed apareció en la puerta luego de horas de viaje,  saltando todos los obstáculos.  Inmediatamente alistaron la tabla de surfear como una alternativa para mantenerse a flote si las aguas subieran.  

En casa de Elisita, las aguas, aunque subían  de nivel,  no rebasaron el lago. Cayó el servicio de internet y algunos sectores del vecindario quedaban sin energía eléctrica

 En la casa de Sofita, el agua empezaba a inundar  totalmente la calle y llegaba hasta el primer escaño de  la grada de acceso.  Cerca a ella, en el nivel más bajo,  los carros quedaban  atrapados bajo el agua y sus casas, inundadas.

 En la casa de la abuela  no había mayor novedad, a más de unas ramas caídas y cortes esporádicos de luz.

Esta mañana, gracias a Dios, todos a salvo.   Vuelve a la calma.  Las niñas,  a sus juegos,  La gente adulta,  a su trabajo.  Los abuelos, a cuidar a sus polluellos. Los animalitos,  a  disfrutar fuera de sus refugios.

Ahora si,  que ruja el huracán y que Dios proteja a todos quienes estuvieron en el ojo de Helene, mientras la poderosa maquinaria de reconstrucción de los Estados Unidos empieza a operar en toda la zona de desastre.

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