ABUELITA, VAMOS A MORIR?

Angie y Kamila, esperando el huracán

La tarde estaba lúgubre, llovía intensamente.  El silvido y la fuerza del viento se agudizaba a la par de la ansiedad y el temor por la llegada del feroz Milton.  Era hora de refugiarse en casa en busca de seguridad frente al desastre que anunciaban las autoridades del tiempo. 

Cuando José trajo a Elisita y las niñas a la casa de la abuela, por considerar el escenario más seguro para soportar el embate del huracán, este empezaba a mostrar su fuerza y era casi imposible sostener la puerta de ingreso.   Mis chiquitas, ataviadas con sus propios paraguas, impermeables y mochilas ingresaron con su tradicional algarabía.  Para ellas, el agua seguía siendo la gran distracción. 

De pronto, Angielisita, con solemnidad,  preguntó

Vamos a morir abuelita?  Un volcán va a explotar y nos va a golpear a todos. Nos vamos a hundir? Nos vamos al cielito?

Kamilita secundaba el interrogatorio con sus ojitos brillosos.  Vamo donde la Syvita?

No mis amores.  Como su mamita les explicó, es un huracán que trae fuertes lluvias y vientos,  Por eso hay que estar lo más quietecitas en casa.  Y vamos a orar a Jesucito para que nos cuide a toditos,  les dije, y empezamos

Padre nuestro, que estas en los cielos…Antificado sea tu nombe…inició Angie juntando sus manitos al igual que Kamilita.

Cuida a mi papito, mamita, Kamila. A Javie, auelita,  auelita Lucy.  También a la Titi, Lunita, prosiguió Angie.  A Majed también? A la Ligita y al Rodri? preguntó mi pequeña. Claro, le dije, tenemos que pedir que Diosito proteja a toda la familia Y a todos los niños y personas que están en peligro, acotó su madre,

Tras la oración iniciaron un febril quehacer estudiantil en los libros que trajo su madre para distraer su atención. 

Quiero hacer deberes.  Muchos deberes dijo Angielisita. 

Yo también  Me guta esquibir, dijo Kamilita.

Saludaron, vía FaceTime, con Titi, Lunita y Majed que monitorearon permanentemente nuestra situación desde Miami. 

Contaron historias, escribieron números y letras hasta que, de pronto, todo quedó en la oscuridad.

Si para los abuelos el apagón fue un susto, para mis pequeñas fue diversión.  Alumbraron con la linterna todo lo que pudieron, hasta la computadora en la que empezaba a narrar mi experiencia. 

Mira.  Esta es la lámpara de Aladino. Corre Kamilita.  Vamos a buscar algo, susurró Angielisita.

No.  La mía es mejol.  Mira ya enconté a la  pincesa,  replicó Kamilita.

Para ellas fue una noche especial, con la novelería de algo distinto.

La maravilla de ser niño.  Sus risas, sus temores entrelazados con sus fantasías hicieron del furioso huracán Milton, una noche especial.

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