
Ves eto Lunita. Es un tangulo. Eto un cuadado y un retangulo.
Mira mira. Eto es amalillo y rojo y azul. A mi me guta el black poque mi pelo es nego.
Mila Lunita. Ete es el 2, 3, 5, 6 etc.
Estas fueron las enseñanzas de Kamila a Lunita, con tal entusiasmo como para que aprendiera al instante.
Todo esto utilizando un libro que tiene todas estas ilustraciones muy bien diseñadas. en el que mis pequeñas han desarrollado mucho sus primeros conocimientos.
Lunita parecía entender todo. No le quitaba sus ojitos vivaces de encima y escuchaba atentamente, entre sonrisa y sonrisa.
Toda esta clase magistral de Kamilita fue desarrollada por su propia iniciativa y bajo la estricta vigilancia de la madre y de la abuela para evitar que el libro le cayera encima.
Seguro que Lunita habrá captado algo o mucho de estas ensañanzas, ya que el cerebro de los bebitos es una verdadera esponja para captar todo lo que ven, oyen o sienten.
Según la ciencia, los bebés nacen con casi todas las células cerebrales que van a tener en su vida, alrededor de cien mil millones. Con el tiempo y la experiencia, estas células se conectan cada vez más. Un millón de conexiones de células cerebrales crecen cada segundo.
La información que se exhibe en el Museo de los Niños de Tampa, indica que los primeros cinco años son clave, porque es en este período cuando se forman la mayoría de las conexiones de las células cerebrales, las que se fortalecerán y serán la base de todas las demás.
Durante este período la conexión más importante es el vínculo del niño con los padres
