LLÉVAME CON ANGIE AUELITA

Auelita, llévame al baile con Angie.  

Por qué Kamilita?  Ella tiene baile mañana.

No.  Quielo que se vaya comigo ahola.  Cuando etoy ahí yo le pienso todo el día. Pol eso etoy calladita.  Pol  eso no hablo en clase.

Kamilita me hizo esa confesión delante de Angie.   Sus ojitos negros brillaban de ternura.  Angie la miró y miró entre sorprendida y traviesa y no pudo disimular la lágrima que bailaba en sus ojitos.  Yo tampoco pude ocultar las mías.

Un  abrazo inmenso, enternecedor fue la respuesta espontánea de Angie, quien enseguida se desprendió de su caramelo para entregárselo a su hermanita.   Fueron solo unos minutos, suspendidos en el tiempo, como para comprender su amor. 

 Luego, como es usual en los niños,  continuaron con sus juegos, sus risas, sus pequeñas rencillas, su tomar o no turno en las actividades.  

Lo cierto es que Kamilta tiene 3 años y Angielisita 5.  Por eso deben ir, por el momento,  a escuelas diferentes -guardería y kinder- y grupos de baile con  horarios  para su edad.

Han transcurrido unos días y ya se acostumbraron a sus nuevas actividades.  Conversan de sus amigos,  deberes y aventuras,  pero lo hacen como sacando pecho de lo que tienen.  Comprendo que  se extrañan y quizá esa es su forma de acercamiento. 

Son los retos del crecimiento, la complejidad de los sentimientos infantiles en ese mundo virgen, impenetrable, incomprensible.  Hoy, junto a sus padres, solo puedo  mirar sus ojitos, tratar de leer sus risas, sus rabietas y sus  lágrimas, darles todo el amor del mundo hasta que aprendan a volar con sus propias alas.  

Que Dios las bendiga siempre.

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