
Lunita crece y crece. Ayer cumplió cinco meses y ya quiere hasta hablar y correr
Es experta no sólo en repartir sonrisas, sino en gatear. Ya se da hasta cinco largos en la alfombra y la recorre en círculos tras sus juguetes. Su madre trabaja con amor y sabiduría en su desarrollo.
La abuela tiene bien entrenada la ciática para poder cargarla, pero Lunita está tan inquieta que se voltea y voltea como un remolino, por lo que es necesario redoblar esfuerzos para cuidarla.
A sonrisitas le gusta el sol, el viento, las cosas en movimiento. Observa y observa. El porche es el lugar favorito de Lunita y de la abuela para sus horas de entretenimiento. También la ventana desde donde se observan los árboles, los pajaritos y las ardillas.
Con sus padres pasea diariamente en la playa, en su cochecito claro, pero también baila con Sofía, al ritmo de Chayanne y con Majed al son de la música árabe.

Ayer que salimos de paseo, se durmió plácidamente en los brazos del abuelo. Parecía un ángel caído del cielo. A la abuela le correspondió solo el papel de fotógrafa, para complementar esa afición de Sofita por graficarlo todo. Claro que en cuanto despertó fue a los brazos de su madre y de la abuela, por supuesto, aunque sea un ratito.
Mi sonrisitas. Así la llamo yo. Me llena la vida de alegría.
