MI ÁNGEL BELLO Y SU PANCITA

Mi ángel bello.   Hoy amaneció con dolor de pancita, debido a un virus que está afectando a muchos niños de la comunidad.  Su madre decidió no enviarla  a la escuela y dejarla en casa de la abuela, pero eso sí, con tareas. 

Angie entró alegre y saltarina.  Su risa sonora y fresca contrastaba con su dolencia.  Yo acaricié su carita y correspondí a su abrazo con infinito amor.

Abuelita, estoy un poco enferma, pero ya se me pasará.   Me gusta estar contigo. Mira lo que me mandó mi madre.  Mira lo que puedo hacer, dijo, mientras nos acomodábamos en la mesita de mi habitación.

Tomó su mochila y sacó de inmediato una pizarra imantada, llena de letras.  Esta es la a b c d e f , decía, mientras las colocaba en ese orden. Luego repitió la serie desde el inicio y prosiguió g h i j k m n o p q r s t u w  y griega y z.   Enfatizó en la Y griega y además se dio cuenta de que faltaba la L.  Acá, acá esta auelita, mira, anotó

La pizarra, cuyo lado posterior era para escribir con tiza,  me recordó aquella pequeñita que tenía hace tantos y tantos años, allá en el campo, en la que mi madre me enseñó mis primeras letras y en la que escribía los números que aprendí a contarlos con granitos de maíz.

Angielisita, Inmediatamente tomó  su carpeta rosada con  el material para hacer sus deberes. Yo traté de integrarme  a su euforia, para seguirle el ritmo. 

Esto es fácil.  No te preocupes abuelita.  Mira acá está.  Esto es mud.  No lo ves. Esto es cup, hum, pup.   Aquí trazo y aquí escribo. Ahora dame una tijera auelita.  También goma.  Mira, tengo que cortar aquí.

Pintó las figuritas, las recortó y pegó en el lugar preciso.  

Luego vino la hoja de Matemáticas.  Había que realizar secuencias de figuras y números, reconocer lo grande, lo pequeño, lo mayor y menor con sus respectivos signos. 

Dios mío ya no me acuerdo esos detalles, le dije.  

No te preocupes abuela. Tú ya estás viejita.  ¿Tú ya no ves bien?   Esto es así. Mira,  cuadrado cuadrado triángulo,  cuadrado cuadrado triángulo.  Así siguió  con otras figuras y secuencias.

Bueno, ya me cansé abuelita.  Ahora vamos a pintar.  A mi me gusta el arte, señaló muy segura de su preferencia.

Su manito se deslizaba suavemente realizando trazos, dibujos y colores.  Este es un monstruo, tiene dos cabezas, dientes afilados, y orejas puntiagudas.  Los pies son para correr rapidísimo  Y acá arriba está el picachú.  Lo ves?. Estos corazones son el tuyo y el mío, precisó. Y así siguió su  narración.

Angie es una niña muy vivaz.  Aprende rápido y le aburren las cosas repetitivas. Dios quiera que en la escuela entiendan sus destrezas, sus inquietudes, sus errores y sus miedos. Que cultiven sus talentos y entretengan sus juegos.

Yo, que viví en la edad de la abuela y apenas domino  el Inglés,  me maravilla  el manejo rápido de su nuevo idioma  y sus métodos  de aprendizaje. 

Pero bueno,   si mi pequeña se lució en sus deberes, la abuela lo hizo con sus remedios caseros.   

Como Angie estaba mal de la pancita, enseguida opté por una colada de manzana, luego un té de orégano  con limón y posteriormente, un plátano.  

Los remedios de la abuela, dieron resultado.  Mi ángel bello ya está mejor de salud..

La colada de manzana está llena de  vitaminas, minerales y fibra.  Es fácil de digerir y puede ayudar a aliviar problemas estomacales como la acidez e indigestión.

El orégano tiene propiedades anti bacterianas, antifúngicas y anti inflamatorias. Se utiliza comúnmente para tratar infecciones y aliviar el malestar estomacal.

El plátano es una fuente de potasio,  así como de vitaminas B6 y C.   Su fibra ayuda a la digestión  y proporciona energía rápida.  

Tanto el orégano como el limón son anti inflamatorios, ayudan a combatir bacterias y hongos, lo que los convierte en un excelente aliado para fortalecer el sistema inmunológico y prevenir infecciones.

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