
De pronto, Kamilita saltó al escenario. Qué ternura infinita. Qué dulzura angelical. Tenía alas doradas, una sonrisa inmensa y una flor roja en sus manos como símbolo del amor.
Atrás, una gatita traviesa, de larga cola, orejas redondeadas y bigotes prominentes se aprestaba a ejercer su papel. Era su hermana Angielisita con toda su figura juguetona e inquieta, dando más vida al castillo imaginario. Frente a ellas, Lunita, la bebita, reía a carcajadas, queriendo saltar al escenario, festejando con sus manitos la improvisada comedia.
Frente a ellas, Madison y Jazmín vestían de abeja, novia o algo similar para interpretar un cuento de hadas.
Así, tras las deliciosos olores de la comida, las 12 uvas y la maleta lista, languideció el 2024, las vivencias de los abuelos y todos los sueños rotos.
Luego, la espontánea dramatización de las niñas, fue como el preludio de un año lleno de cosas nuevas, de sorpresas, de sueños, de magia y encanto.
La familia unida, las promesas, el árbol del tesoro con las metas por cumplir, los proyectos en marcha, la búsqueda de soluciones con alegría a flor de piel, la esperanza en alto.. Todo vendrá en cascada
Atrás lo negativo, lo tóxico, los miedos, las barreras.
La abuela, en silencio observa y guarda en lo más intimo de su corazón la escena familiar.
Allí están María Elisita, José y sus chiquitas, unidos en un interminable abrazo. Allí, más fuertes que nunca, están Sofita, Majed, la angelical Lunita y sus hermanas fundiendo su amor y proyectando su futuro.
A estas alturas, la visión de la abuela se vuelve más fuerte, más visionaria, quien sabe si más sabia. Para que luchar contra corriente si la vida parece que se fueran entre las manos, mientras surge la nueva generación en un mundo inconmensurable, con metas renovadas, más oportunidades y sueños más audaces
Con la bendición de Dios y nuestro esfuerzo, 2025 seguro será el mejor.
