
Calientito, humeante, con sabor a cacao y canela. Así estaba el chocolate de la abuela que este 6 de enero reunió a la familia, para celebrar el día de Reyes.
La casa se llenó de ese aroma penetrante y cálido. La mesa puesta, el amor a flor de piel, la unidad frente a todo lo bueno o lo malo, lo positivo o lo adverso que siempre tiene la vida.

Y no sólo era el día de Reyes que viene cargado de regalos, que simbolizan aquellos de oro, incienso y mirra que llevaron al pequeño Jesús, a ese Dios de las alturas. Era también para celebrar el día de la sagrada familia, ese núcleo tan importante de la sociedad, indisoluble, fuerte, lleno de valores, de verdad, de frontalidad, de solidaridad.
Que emoción tan grande no sólo empezar el año con vida y promesas nuevas, sino hacerlo junto a la familia con ánimos renovados y sueños superiores. Aquí, abuela y abuelo recibiendo a mi María Elisita, una madre ejemplar, que anda de arriba a abajo protegiendo a brazo partido a sus dos pollitos: Angielisa y Kamila. AquÍ, recibiendo a mi Sofita, la madre que con sabiduría increíble guía los primeros pasos, los primeros llantos y sonrisas de su Lunita. Aquí la siempre reconfortante presencia de sus compañeros de vida José y Majed.
La risa, los juegos, las travesuras de las pequeñitas inundan el ambiente con esa ternura que sólo da su inocencia Sus ojitos y manos inquietas abriendo sus pequeños regalos, sus abrazos, son mucho más que un te quiero, en el calor del hogar.
Que más se puede pedir a Dios y a la vida, si nos ha dado todo. Una familia increíble en la que todo puede faltar, menos el amor, la unidad y la solidaridad.
Todo esto en medio de noticias inquietantes del mundo que hablan de luchas incansables para deponer la dictadura criminal y alcanzar la libertad en Venezuela. De conversaciones para poner fin a la cruenta guerra de Ucrania, de Israel, de Gaza, de Líbano. Del destino todavía incierto de Siria que logró poner fin a una dictadura atroz. De preparativos para un nuevo gobierno en Estados Unidos que trae nuevamente al poder a Donald Trump, con más fuerza y expectativas nacionales y mundiales que nunca.
También, la de nuestro Ecuador, en donde Daniel Noboa, un joven presidente lucha incansable contra organizaciones narcoterroristas que siembran el terror, junto a mafias políticas que atrincheradas en una mal llamada institucionalidad lo han dejado aparentemente solo mientras lanzan zarpazos y zancadillas para detener su avance, sin darse cuenta que este odio despierta un mayor apoyo popular en busca de un nuevo Ecuador.
