
Un niño es el regalo perfecto de Dios y es obligación protegerlo, cuidarlo, educarlo como el mayor tesoro y con la mayor sabiduría posible, tanto en lo físico como en lo emocional e intelectual, respetando sus derechos y alejado de perturbaciones, influencias y novelerías dañinas.
Su cerebro es una verdadera esponja. Según la ciencia, los bebés nacen con la mayoría de las cien mil millones de células que se desarrollarán en toda su vida y se conectan en alrededor de un millón de veces por segundo durante los primeros cinco años, con lo cual aprenden a conocer el mundo, a madurar y a desarrollar sus habilidades, destrezas y emociones. Durante este período la conexión más importante es el vínculo del niño con los padres y su entorno más cercano. Su maduración cerebral avanza hasta los 22 años.
Con ese antecedente, bien hace la Iglesia Católica de Ecuador en calificar de “macabro atentado” y “muy peligroso atropello” a la integridad de los menores la reciente sentencia de la Corte Constitucional (CC) 95-18-EP 24 que abre las puertas para que los niños de apenas cinco años, que están en plena formación y se enfrentan a un mundo desconocido, puedan decidir sobre su orientación sexual, obligando a escuelas públicas y privadas a aceptar y acompañar los procesos de transición de género.
La cúpula de la Iglesia católica rechazó la sentencia y anunció que ejercerá su derecho a la resistencia, pues la Corte Constitucional no ha tomado en cuenta la falta de madurez de los niños (cinco años) como para tomar este tipo de decisiones que pueden ser dañinas e irreversibles.
Quienes sufren de disforia de género, que no es fácil de diagnosticar, suelen desistir de su transición al llegar a su pubertad y son muchos los casos conocidos de las graves perturbaciones psicológicas que enfrentan quienes optan por estas decisiones Si las hubiere, hay mecanismos para proteger y acompañar a quienes sufren este problema, pero es absurdo imponer procedimientos que afectan a toda una colectividad.
Bien haría la Corte Constitucional de Ecuador, más bien, en apoyar, promover o acompañar, los cambios abismales que requiere la educación, que va quedando obsoleta ante el desarrollo vertiginoso de la ciencia y la tecnología, en donde se impone ya la inteligencia artificial y la necesidad de impulsar las nuevas áreas del conocimiento.
Bien haría la CC en acompañar y apoyar procesos de gobernabilidad que permitan al país avanzar en estos cambios vertiginosos, empezanzdo por una lucha frontal contra el crimen organizado, la droga, el narcoterrorismo, la narcopolítica que están destruyendo la vida, la mente y el futuro de nuestros pequeños.
Ecuador y el mundo exigen que protejan a nuestros niños, a nuestras familias, a nuestra sociedad.
