
Angie, pegadita a mi falda y apretando fuertemente su manito a la mía, caminó hacia el consultorio médico. El día estaba un tanto lluvioso y frío pero debíamos acudir a una cita con la pediatra.
Abuelita, ¿me van a inflar el brazo. Me van a pinchar otra vez? me preguntó con su vocecita un tanto temerosa.
Le abracé fuertemente para disipar sus miedos. ¡No te preocupes, mi niña. La doctora solo va a revisar tus orejitas con esa linterna que te gusta. Quiere ver que está sanita! le dije
Con esa promesa, Angie ingresó al centro médico, asegurando su cartera bajo el brazo.
Camilita secundó la espera con una dosis de buen humor, jugando y riendo por doquier Llevaba consigo a su gato y conejo bebé.
Cuando por fin las llamaron, Angie entró al consultorio de la doctora Colón con total confianza y se instaló cómodamente en la camilla de revisión de los enfermos.
A los pocos minutos apareció la doctora con su gran sonrisa.
—¡Qué bueno verlas! ¡Que elegantes y lindas están! Y que hermosa cartera! Puedo ver que llevas ahí, le preguntó a Angie. A ver… tres conchas, dos caracoles, un pintalabios, un palito… y esto? Son mis cartas, mis muñecos y mis pelotas de Pokemón — contestó
—Y yo traigo mi gatito y mi conejo bebé. El dice que no quiere que le pinchen, dijo Camila, abrazando a sus peluches, mientras les recostaba cuidadosamente en el sofá.
—¡Qué bonitos! Parecen muy traviesos, comentó la doctora.
— Ahora vamos a revisar a Angielisa. Tu semblante está bien. Tienes un coraźón muy fuerte. Tus bronquios y pulmones están limpios. La garganta…también y tus oídos …¡perfectos! Informó la doctora con tono de satisfacción.
A Kami, que le encanta el aparato de examinar los oídos, le hizo mirar los de Angie.
— Todo está muy bien. Es la visita más rápida que he tenido. Así me gustan. Vayan a su casa y no quiero verlas por aquí. Recuerden lavarse las manos para vencer esos pequeños monstruos invisibles, dijo la doctora Colón.
Fue la despedida más halagadora. Claro. Sólo una persona enferma vuelve a los hospitales.
Saltando sobre un pie salieron mis pequeñas, con sus libros bajo el brazo y los stickers en su pecho, a seguir con sus actividades y nosotros, los abuelos, felices de que Angie haya superado las secuelas de la influenza.
LA INFLUENZA
La influenza es como un monstruo invisible que nos ataca y nos hace sentir mal, con fiebre y dolor de cuerpo. Por eso tosemos y estornudamos mucho. Pero si nos lavamos bien las manos y nos vacunamos, ¡podemos vencer a esos feos virus
