
¡Que linda está Angielisita! Siempre traviesa, muchas veces rebelde y con las ocurrencias a flor de piel, está a punto de cumplir 6 años.
En el calendario, cuenta los días que faltan para su cumpleaños. «Ya quiero crecer, abuelita, pero solo hasta cumplir 6 años» me dice, mientras dibuja un corazón en el 17 de marzo.

«Sí, mi amor y crecerás mucho más. Serás cada vez más linda, más buena, más inteligente y aprenderás muchas cosas», le comento mientras acaricio su pelito rubio y miro sus ojitos color miel.
¿Y me voy a hacer viejita y me voy a morir?» me pregunta llena de curiosidad, como queriendo comprender el mundo al que se abre como un pequeño capullo.
Mi amor chiquito, la vida es como un jardín. Las flores crecen, florecen y luego sus pétalos caen, pero las semillas que dejan dan vida a nuevas flores. Y así, el jardín siempre está lleno de belleza’. Tu eres una flor hermosa y vivirás muchos, muchos años iluminando este lago, junto a esos patitos y a esas flores«, le afirmo con sutileza.
«¡No! No me quiero hacer viejita. Tú ya eres viejita, ¡no quiero que te mueras, abuelita!, me insiste.
«No mi chiquita. Espero vivir muchos años para tí» le digo, abrazándola muy fuerte.
«La Sylvita, el Bacardí ya están en el cielo» me afirma Angielisita. «Y mi pececito también», añade Kamilita, quien estuvo muy atenta a toda la conversacion.
«Si, ellos son estrellitas de luz allá arriba. Mientras tanto, mis pequeños ángeles, vamos a llenar nuestro patio de risas, juegos y muchas, muchas travesuras'» les digo, mientras miro sus ojitos llenos de ese miedo existencial de sus primeros años.
Preocupadas, mis pequeñas me abrazaron muy fuerte, y yo a ellas.
Horas más tarde, mientras Angielisita y Kamilita jugaban inmersas en sus sueños y fantasías infantiles, me quedé observándolas. Sus risas, sus rostros angelicales, sus cuerpecitos inquietos me recordaron la fragilidad y la belleza de la vida. Pensé en todas las historias que aún podía contarles, los paseos por el parque, los juegos en los que me hicieron partícipe, sus primeros dibujos y mis primeros retratos que los guardo con amor.
Aunque no podré protegerlas toda la vida, comprendí que aún podía darles mucho amor, apoyando el trabajo y la sabiduría de su madre, entregada en cuerpo y alma a la formación y crianza de sus pequeñas.
