UNA IGLESIA MISIONERA QUE CONSTRUYA PUENTES

Un papa norteamericano con mente universal y alma latina, León XIV,   es desde hoy el guía espiritual de los mil cuatrocientos millones de católicos y de todos quienes  buscan una luz en un mundo cada vez más convulsionado.  

El humo blanco tan esperado, apareció en la mañana de este jueves 8 de mayo y calló por segundos el ruido del mundo. El Habemus Papam resonó más fuerte que nunca para conocer al nuevo sucesor de Pedro, para adentrarse  en el mensaje de paz y justicia de Jesús, pregonado tantas veces por el Papa Francisco.

Este fue el mensaje de Robert Francis Prevost, desde hoy conocido como León XIV

«Queridos hermanos y hermanas. Quiero agradecer a todos los hermanos cardenales que me eligieron para ser Sucesor de Pedro y caminar junto a ustedes, como Iglesia unida, buscando siempre la paz, la justicia, trabajando siempre como hombres y mujeres fieles a Jesucristo, sin miedo, para proclamar el Evangelio, para ser misioneros. Soy un hijo de San Agustín, agustino, que dijo: “con ustedes soy cristiano y por ustedes obispo”. En ese sentido, todos podemos caminar juntos hacia esa patria que Dios nos ha preparado.

¡Un saludo especial a la Iglesia de Roma! Debemos buscar juntos cómo ser una Iglesia misionera, una Iglesia que construye puentes, que dialoga, siempre abierta a acoger, como esta plaza, con los brazos abiertos a todos los que necesitan de nuestra caridad, de nuestra presencia, del diálogo y del amor. Y si me permiten también, una palabra, un saludo a todos y en modo particular a mi querida diócesis de Chiclayo, en Perú, donde un pueblo fiel ha acompañado a su obispo, ha compartido su fe y ha dado tanto, tanto para seguir siendo una Iglesia fiel a Jesucristo. A todos ustedes, hermanos y hermanas de Roma, de Italia, de todo el mundo, queremos ser una Iglesia sinodal, una Iglesia que camina, una Iglesia que busca siempre la paz, que busca siempre la caridad, que busca siempre estar cerca, especialmente de quienes sufren.

Hoy es el día de la Súplicas a la Virgen de Pompeya. Nuestra Madre María quiere siempre caminar con nosotros, estar cerca, ayudarnos con su intercesión y su amor.

Entonces, me gustaría orar junto a ustedes. Oremos juntos por esta nueva misión, por toda la Iglesia, por la paz en el mundo y pidamos esta gracia especial a María, nuestra Madre.»

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