LA CARRERA DE COLORES

Toda pintada y con su carita siempre risueña, mi Angielisita brillaba en la carrera de los colores de su escuela.  El día estaba tan soleado y alegre como el arco iris, escenario perfecto para el regocijo infantil de aquel programa.

Mi chiquita llevaba una  camiseta con el logotipo del evento, sonreía como los ángeles y tenía todo su rostro y pelito pintado de vivos pigmentos que parecían mezclarse  con la magia de su propio  candor..

Cuando nos vio a Kamilita y a mí, corrió hacia nosotros, con ese abrazo suyo tan característico.  Sacudió su ropa y pelito para que los polvos coloridos se adhirieran  a los nuestros, en una muestra de su picardía contagiosa.  Luego, con la misma energía,  salió en precipitada carrera para unirse a sus amiguitas.

Y entonces, llegó la hora del helado.  A Kamilita se le iban los ojos por su golosina.  Angielisita se apresuró a tomar el suyo en la respectiva fila.  Luego corrió hacia nosotros, con  cucharita en mano, para compartirlo poquito a poquito.

Cómo olvidar esa figurita frágil pero llena de vida, tan  amena y generosa, abriéndose al mundo, tan segura e independiente en cada una de sus actividades escolares.

¡Felicidades, mi chiquita hermosa! Eres todo un capullito de color.

Deja un comentario