VEN ABUELITA. TOMÉMONOS UNA SELFIE.

Kamilita en el acuario de Tampa

Kamilita amaneció con la pasión por las selfies y sus amigas imaginarias.  A mi me correspondió el papel de Penélope, su antigua compañera de guardería.

Ring ring. «¡Halo! Yo soy Penélope. ¿Está Kamila?» pregunté.

«Sí. Hola, Penélope. Sí, soy Kamila. Ven a mi casa con tu abuelita. Vamos a visitar el acuario y a ver peces», dijo, y acto seguido tomó su Papamóvil. Me colocó (imaginariamente) en la parte posterior del coche. Luego abrió la puerta e hizo entrar a Penélope y a su abuelita. Cuando habíamos avanzado unos pasos, se acordó de Dash. «¡Ven, perrito!», le dijo. Abrió sus bracitos y lo hizo sentar junto a mí. No sé cómo cabíamos tantos en su auto.

El Papamóvil

En el trayecto, puso gasolina a su coche. «¡Listo!», dijo, y proseguimos el camino.

Ya en el acuario, sacó dinero de su bolsillo y compró las entradas. «Muestra tu brazo, abuelita», dispuso. Me colocó de inmediato el brazalete para ingresar al acuario. «Tú, Penélope, y tú, abuelita. Tú, Dash, no necesitas. Ven junto a mí». Le tomó de su cuerda imaginaria y avanzó con él.

«Mira esta tortuga gigante. Este tiburón. No tengas miedo, abuelita. No muerde. ¿No ves que está detrás del vidrio? Ven, Dash. Tómate una selfie. Ven, abuelita. Tómate una selfie. Yo ya me tomé una contigo. Mira esos peces de colores. ¿Lo ves? ¡Mira, hay muchos! Mira las mantarrayas. Mira el caballito, ese es del mar, y mira ese de varias patas, es el octopus (pulpo)», afirmó con seguridad.

Así recorrimos el acuario.

Todos regresamos a su Papamóvil y nos ubicamos en los respectivos asientos. Al llegar a casa, inmediatamente nos sentamos a mirar las selfies.

«Muéstrame las tuyas, abuelita. ¡Jaja! Le sacaste al tiburón sin cabeza. Mira las mías». Me mostró varias con peces, mantarrayas y todo lo que pudo encontrar en los bloques de espumaflex, convertidos de pronto en las mejores cámaras fotográficas.

Así, tuvimos que hacer cuatro o cinco viajes imaginarios en la mañana, hasta que la abuela quedó rendida. No quedó más remedio que tomar fuerzas para una nueva aventura.

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