
Abuelita, regresa pronto para que veas esto. ¡Mira lo que puedo hacer!, me dice Angielisita, invitándome a poner la cámara para verla ensayar un clavado perfecto en la piscina, repitiendo la hazaña una y otra vez.
Mírame a mi abuelita Mira lo que aprendí. Pero verás bien, me dice Kamilita, mientras se lanza también al agua y sale a flote como puede.
Las dos están muy bien custodiadas por su madre, su padre y su abuelo, durante mi ausencia.
«¡Ven rápido, abuelita, te extraño!», me dice Kamilita con sus ojitos negros llenos de lágrimas. «Mira, aquí está el monito que te regalé para que te vea comer. No te lo llevaste».
«Te amo, abuelita», insiste mi Angie, mientras me cuenta sus nuevas aventuras en gimnasia, en la biblioteca y en los parques a los que su mamá las llevaba para entretenerlas durante sus vacaciones. ¡Y claro, tampoco se olvida de Lunita!
Esta semana iniciaron su nueva etapa escolar. Están muy contentas, porque las dos van a la misma escuela. El domingo pasado fue la misa para la bendición de las mochilas. No pude estar presente por una lesión en la rodilla que me obligó a retrasar el viaje, pero desde acá les acompañamos y bendecimos con todo nuestro amor.
¡Pronto las veré y abrazaré!
