
Rafael Proaño en la carrera Ptzl en Baños de Agua Santa
El Trail Running o carrera de montaña es una de las disciplinas deportivas más exigentes del mundo, que combina una fuerte disciplina física con el contacto privilegiado con la naturaleza. A pesar de su potencial, esta actividad no cuenta aún con la difusión ni el apoyo institucional que merece en Ecuador.
La disciplina es tan demandante que el entrenamiento de un corredor de élite puede ser comparable a hazañas imposibles, como «coronar» el volcán Cotopaxi cuatro veces por semana.
Este es el caso de Rafael Proaño, quien se coronó, este fin de semana, como campeón en la última carrera de montaña en el Ruco Pichincha, en la categoría Máster, de 10 kilómetros. El nivel de esfuerzo que requiere su competitividad es impactante:
- 110 kilómetros semanales de entrenamiento combinados.
- 60 km de carrera por semana.
- 50 km en bicicleta por semana.
- Un desnivel acumulado de 4.000 metros sobre el nivel positivo ganado, que sus entrenadores comparan con ascender el Cotopaxi cuatro veces por semana.
Pasión y Voluntad: El motor del campeón
Rafael Proaño entrena seis días a la semana, demostrando que la voluntad es tan importante como el físico. «Nunca pensé que podría alcanzar esta meta», comenta destacando que su éxito se debe a una mezcla de factores: la pasión por la montaña, la disciplina impuesta y una alimentación saludable mantenida desde la niñez.
El deportista recordó sus inicios con Óscar Basantes, reconocido marchista de montaña y campeón sudamericano de Trail Running, quien triunfó en el ultratrail de Capadocia (Turquía) ocupando el primer lugar en la competencia de 14 km. Actualmente, Proaño practica en solitario, manteniendo su riguroso plan.
Un llamado a la priorización deportiva
El esfuerzo de estos atletas subraya la necesidad de un mayor apoyo. Sería fundamental que las Federaciones deportivas del Ecuador prioricen el Trail Running como disciplina oficial. Esto no solo permitiría otorgar incentivos a los miles de practicantes, sino también atraer a la juventud a una actividad tan saludable y que fomenta el respeto por los ecosistemas andinos.
Lo importante también es contar con el apoyo emocional y hasta económico de la familia. Sin olvidar eso sí, que peimero es Dios y luego la familiam, afirma.
