
Ahí estaban los manatíes, majestuosos, de unas doscientas libras, jugueteando con placidez en el agua cristalina del acuario.
Allí, detrás del grueso cristal, tres pequeñas caritas se pegaban a la ventana: sorprendidas, curiosas y risueñas, observando a su manera esta vida animal. Angelisita, inquieta y saltarina como siempre, miraba detenida y silenciosamente a estas vacas marinas. Kamilita, parecía descifrar sus movimientos; y Lunita, expresaba su curiosidad con gritos de emoción
Toda esta maravilla se desarrolló en el Acuario de Bradenton -Museo Bishop de Ciencias- un centro de investigación muy bien cuidado, que permite aprender sobre este mundo animal y su conservación.
La jornada se inició con una presentación en el planetario sobre la impactante inmensidad del universo: los misteriosos agujeros negros, el movimiento perpetuo de las estrellas y la perfección de las miles de galaxias girando en perfecta armonía. Un equilibrio tan vasto explicable sólo a través de una creación divina.

Fue un bellísimo día familiar, una jornada de profunda reflexión sobre la vida, sobre la mente infantil y su inserción en este mundo cada vez más complejo. Reflexión tambien sobre nuestro Planeta, una mínima partícula de un universo aún desconocido
Fotos de Familia Simancas. Uso exclusivo
