
En esta tarde ligeramente lluviosa pero llena de luces, resuena con fuerza una risa que llena el alma y se eleva hasta el cielo.
Sí. Era mi «Sonrisitas» riendo a carcajadas. Allí estaba mi pequeñita, jugando en su casita del jardín y repitiendo ese sonido de alegría, como para acompañar la danza de las mariposas y las avecillas que cruzan por su patio.
Lunita sabía que su carcajada era un aprendizaje novedoso, y que llenaba el alma de su madre. Sabía que alegraba a su padre y a sus hermanas; que era un regalo para sus juegos con Angielisita y Kamilita y para sus abuelos. Y, con ese cuerpito aún tambaleante, repetía y repetía esa risa sonora y contagiosa.
Quizás sea el eco de su madre, quizás el «jo jo jo» de Papá Noel, o el ambiente navideño, pero allí estaba mi Lunita con ese sonido que quedará grabado en el alma.. Más aún, con ese abrazo tan tierno, su cabecita pegada a la mía, entregando el mejor regalo para esta abuela que cumplió un año más y aún ama la vida.
