
—Abuela, te has cortado el pelo. Estás muy linda —me dijo Kamilita esta mañana. ¡Imagínense! Como los niños no mienten, me lo tomé muy en serio y me lo creí. Son sus ojitos de amor.
Para festejarlo, mi chiquita hermosa realizó primero una presentación de gimnasia en su trampolín, ensayando a su modo diferentes pasos. —¿Te gusta este? —preguntó mientras saltaba muy alto y giraba en el aire.
—Ahora voy a cantar. ¡Abre el telón, abuela! —pidió. Ni corta ni perezosa, deslicé el telón imaginario y ahí estaba mi pequeña, haciendo la venia. Previamente, fue en busca de su micrófono y su guitarra y… el concierto empezó. Su presentación se inició con La Llorona y prosiguió con El pájaro carpintero, a todo pulmón.
Y, ¡oh, sorpresa!, fue tan linda su función que de pronto oímos el típico toc-toc-toc. ¡Ahí estaba! El famoso pájaro carpintero con sus dos hijitos pequeños, picoteando en el árbol de la casa. La tarde soleada y los patitos jugueteando en el lago fueron el complemento perfecto para mi pequeña artista.
