
—Abuelita, yo te ayudo. Quiero hacer el pastel —me dijo Angielisita mientras me disponía a preparar un postre—. Pero no te olvides, abuelita, tenemos que hacer dos: uno para mi mami y otro para papá, y podemos acompañarlos con batidos de fresa. ¿Te parece?
¿Cómo no atender su iniciativa? Subida en su escalera, Angie inició con entusiasmo el batido de los huevos, la harina, el plátano y los demás ingredientes. —¿Qué te parece si lo adornamos con unas frutillas y crema? —me sugirió.
Ahí estábamos las dos, experimentando nuestra habilidad culinaria junto a Kamilita, quien ayudó de maravilla con el suministro de los ingredientes. Todo era risas hasta que el horno nos jugó una mala pasada: el pastel salió un tanto tostado, pero al fin, delicioso.¿Cómo no iba a estarlo? si el elemento principal era el amor de esas manitos angelicales .
Cuando Elisita, su madre, regresó del trabajo, la sorpresa ya estaba lista. No hace falta describir su emoción al probar, con orgullo, la primera creación de su pequeña Angie.
