AMOR…AMOR

¿Quién no le canta al amor como el arma más poderosa del mundo? Amar es un mandato divino que tiene el poder de elevar el alma. Y aunque cualquier día es perfecto para entregarse al afecto, el calendario nos regala cada 14 de febrero una pausa especial: el día de San Valentín, dedicado por entero al amor y la amistad.

Si el amor en los adultos es fuerte, en el corazón de los niños se vuelve algo puramente sublime. Ese día, mis pequeñas aventureras, Angielisita y Kamilita, llegaron de la escuela con los ojos brillantes, cargando sus más recientes «obras de arte». Eran corazones fantásticos, con brazos y piernas que parecían querer saltar del papel.

¡Mira lo que hice, abuela! Es para ti— exclamó Kamilita con esa chispa de orgullo que solo tienen los artistas.

Casi al instante apareció Angie, mostrándome un corazón único que tenía hasta dientes, zapatos y manos de colores. Y para completar la colección, la pequeña Lunita trajo desde su guardería su primera gran creación: una manito diminuta rodeada de corazones.

Aquellos retazos de cartulina fueron para mí oro en polvo. Valen mucho más que el diamante más puro o el oro de 21 quilates. Son el verdadero tesoro de mis aventuras, piezas que llevaré grabadas en mi pecho y en mis recuerdos más dulces. Por ahora, descansan protegidos en mi cofre de los recuerdos, esperando a ser contados una y otra vez.

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