
El sol se despertó con ganas de jugar, pintando un día perfecto para ir al festival. Lunita apareció lista para la ocasión, luciendo con muchísima elegancia el atuendo que eligió mamá. El toque final fueron sus gafas de sol. ¡Qué seriedad y solemnidad tiene para usarlas! aunque sea por contados minutos.
En el festival, la magia estaba lista. Lunita saltó en el trampolín, jugueteó con las cabras, acarició gallinas, miró a los conejos y hasta montó a caballo, No faltó un pequeño golpe de una pelota traviesa, que fue el pretexto perfecto para los mimos, besos y caricias que curan sus dolores.
Mi pequeña habla como un lorito, presumiendo el vocabulario que le enseñan sus padres. Sube gradas, baja rampas, pedalea en su bicicleta y pasea por el barrio. Hoy fue el día perfecto para mostrar sus progresos, logrando que el jabuelo y la abuela se olviden de cualquier dolor de espalda para correr tras sus travesuras.
¡Qué chiquita tan hermosa y qué recuerdo tan inolvidable!
