AUELITA ¡GO HOME!

¡Ay, mi sonrisitas! Cada día es más vivaz, mandona e independiente. Estos días está de vacaciones de su Day Care, y hoy quedó bajo nuestro cuidado, al ritmo de ¡A trabajar, abuelos! Que la jefa está en casa

Fue una verdadera revolución para nuestro ritmo. La pequeña directora de orquesta arrancó el día marcando el paso: lideró la caminata, regó las plantas, revisó sus libros, hizo gimnasia y yoga.  Hubo tiempo para todo: jugamos a las escondidas, armamos la ronda, bailamos y cantamos estrictamente a su ritmo. Por supuesto, también nos tocó pasar por su riguroso consultorio médico tantas veces como lo exigió. Nos examinó ojos, oídos y  garganta al más puro estilo de la doctora Patel para certificar la buena salud.

Entre juego y juego, llegó la hora sagrada. —sleep —sentenció con absoluta seriedad.

Se marchó a su dormitorio, subió a su cama y se cobijó. —Thanks, abuela. Close the door  y go home —me soltó muy oronda en su adorable media lengua.

Entre risas contenidas, le seguí el juego y cerré la puerta despacito. Pero su siesta duró menos que un suspiro. A los pocos segundos abrió los ojos, se levantó de un salto y decretó: —Go outside

Dicho y hecho: Salimos rumbo a la casa de las mariposas, a recoger mangos del jardín del vecino y a hacer mil paradas obligatorias en el camino. Ya con las pilas un poco más gastadas, dio la contraorden: —Go home, to mama—

Al llegar a la entrada, abrimos la puerta para pasar todos, pero nos frenó en seco: —No. only me— díspuso.  Go home, abuelo. Bye, bye, abue. Pero tardó más en cerrar la puerta que en volver a invitarnos a pasar. Ni bien cruzamos el umbral, nos sirvió otra ronda de café en su vajilla imaginaria.

¡Ay, mi niña! Nos ha hecho reír a carcajadas con sus ocurrencias, dejándonos ver ese sentido tan claro de la pertenencia y del papel que jugamos en su pequeño gran mundo. Preciosa mía, cómo creces y cómo nos llenas el alma con cada ocurrencia. Que Dios te bendiga y te proteja siempre.

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