
Ataviada al mejor estilo de Ronaldo o Messi, con medias hasta el tobillo y zapatos futboleros, mi Lunita incursionó ya en su primer entrenamiento. Su madre se esmeró en el vestuario y su padre, hábil deportista y árbitro, la impulsó para su participación.
Ya en el campo de juego, con el balón en los pies, Lunita dio sus primeros pininos ante el entusiasmo y la barra de Sofi, que ya quería saltar a la cancha y narrar sus primeras hazañas.
Lunita avanzó con destreza. Recibió hábilmente el esférico que le lanzó Sofi y pateó la redonda —como dicen los narradores— hacia su contendor, un tímido principiante. Pero cuando los ánimos se encendían, Lunita exclamó: «FINISH».
Y como hay que respetar la decisión de las estrellas de este deporte, así terminó el primer día de su entrenamiento. Para el próximo sábado espero presenciar su participación y hacerle barra a mi pequeña. ¡Ojalá no me invite a la cancha, porque seguro que me golea!
