QUE NINGÚN NIÑO CREZCA SIN EL CALOR DE UN HOGAR

 «Santo Padre, cuente con nosotros. No somos demasiado pequeños para amar a Dios ni para defender la vida que Él nos ha dado.»

Esas fueron las palabras de Victor Antonio Nguema Nguema, un niño de 13 años que intervino en la reunión que el Papa León 14 mantuvo con la juventud en Guinea Ecuatorial.

 «Crecí viendo a mi joven mamá sola, porque mi papá nos dejó cuando yo era muy pequeño. Al principio fue muy difícil, me sentí muy triste y asustado», contó Victor Antonio

Relató cómo le preguntaba a su madre por qué la llamaban «madre soltera», como si esa etiqueta fuera una explicación o una solución a su situación.

Afirmó que, a pesar del miedo y la soledad inicial, su fe y el esfuerzo de su madre le permitieron entender que no estaba solo, porque tenía tambén la protección de su abuela.   Reconoció que «no soy un caso único en nuestra sociedad», poniendo voz a miles de niños en situaciones similares.

Afirmó que los niños y adolescentes no son solo el futuro, sino el presente de la Iglesia, y que están listos para ser «centinelas» de la esperanza en su país.

Reiteró que su mayor deseo es que ningún niño en África ni en el mundo crezca sin el calor de un hogar, pidiendo al Papa que interceda en sus oraciones por la unidad de las familias.

Solicitó al Papa la bendición para Guinea Ecuatorial y para todos los niños que sufren, prometiendo que ellos, a cambio, rezarían por el ministerio del Papa.

Heroíncas de la esperanza

En respuesta a este emotivo mensaje, el Papa León 14 visiblemente conmovido, le dijo «Eres un hijo amado, y tu historia no está escrita por la ausencia, sino por el amor con el que has sido cuidado»

Aprovechó para exaltar la figura de las mujeres que sacan adelante a sus hijos solas, calificándolas como «heroínas de la esperanza» 

Reiteró que, en la comunidad de fe, nadie es «huérfano». «Donde la sociedad pone una etiqueta, Dios pone un nombre y un propósito», dijo.

Al escuchar al niño hablar de un padre ausente, el Papa vinculó esa «orfandad» social con la necesidad de una justicia que sane.

«Si queremos una sociedad segura, debemos empezar por no dejar solos a nuestros niños y por ofrecer a quienes fallaron, la oportunidad de volver a ser los padres y ciudadanos que sus familias necesitan».

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