
Africa, con toda su fertilidad y el folclor de su gente fue el escenario de la histórica visita del papa León XIV a Guinea Ecuatorial, Argelia y Angola, en las que millares de personas vitorearon su presencia. Allí visitó no sólo comunidades cristianas, sino hospitales, hospicios, cárceles, universidades, centros religiosos y hasta una mezquita.
La religión no puede crear muros sino tender puentes para unir a pueblos de diferentes culturas y creencias bajo la bendición de un Dios de Amor que ama y cobija a todos por igual, dijo. Criticó duramente a las tiranías, la explotación, la corrupción en países que oprimen a los más pobres e instó a los líderes del mundo a fortalecer el diálogo y la reconciliación para la solución de los conflictos.
Puso mucho énfasis en sus reuniones con jóvenes africanos, a los que instó a ser la fuerza motora y los nuevos arquitectos en el desarrollo de sus pueblos bajo el amor de Cristo crucificado y resucitado.
En sus intervenciones el pontífice resaltó la importancia del respeto a la vida y a la familia. Invitó a la juventud a «reflexionar sobre la importancia del compromiso fructífero y la necesidad de promover siempre la dignidad de todo ser humano» y a valorar a sus familias, porque «ellas son la tierra fértil en la que el árbol, fresco pero frágil, de su crecimiento humano y cristiano echa raíces».
Testifiquemos cada día que amar es hermoso, que las mayores alegrías, en cualquier ámbito, provienen de saber dar y de entregarnos a los demás, especialmente cuando nos inclinamos hacia los más necesitados. La luz de la caridad, cultivada en los hogares y vivida en la fe, puede transformar verdaderamente el mundo, incluso sus estructuras e instituciones, para que cada persona encuentre respeto y nadie sea olvidado, manifestó el Papa
“Esta es la juventud del Papa”
Esa frase fue coreada en el estadio de Bata,en Guinea Ecuatorial, que estuvo abarrotado de jóvenes, que cantaron, bailaron y vibraron con la presencia de León XIV, pese a la torrencial lluvia de aquel día.
Somos la Iglesia joven que camina en esta tierra africana. Le entregamos el corazón de nuestra juventud, con sus alegrías y sus miedos, con sus ganas de cambiar las cosas y de caminar junto a la Iglesia. Santo Padre, ayúdenos a ser una generación limpia de corazón, fuerte en valores, capaz de construir una sociedad más justa, donde la fe se viva también en el trabajo de cada día. Rece por nuestras familias, para que nunca se apague en nuestros hogares la luz de Cristo. dijeron los líderes de esa juventud que ondeaban sus banderas en busca de cambio y esperanza.
